Los piercings y la salud bucal

El piercing oral (lengua, labios o frenillo) puede tener importantes consecuencias para la salud bucodental, más allá del dolor, el posible rechazo y el alto riesgo de infección que implica su colocación, dada la elevada presencia de bacterias y la humedad propia del interior de la boca, que dificulta la cicatrización de los tejidos.

 

Acude a un estudio certificado con los estándares de esterilización y profesionalidad necesarios. Una vez te hayas hecho el piercing, contacta con tu dentista si notas cualquier problema de infección, hinchazón, dolor o fiebre.

 

El cuidado diario del piercing oral es sencillo, pero hay que ser constante, ya que es necesario enjuagar la boca después de cada comida para evitar la acumulación de alimentos que puedan generar infecciones futuras.

 

Jugar con el piercing puede ser inevitable, pero este juego puede dañar las encías o dar lugar a recesión gingival. Esto, con el paso del tiempo puede hacer que se pierdan piezas dentales o que los dientes empiecen a moverse. Este mal hábito puede romper o fisurar los dientes, especialmente si el piercing es de metal. Es aconsejable optar por piercings de plástico.

 

Es muy importante retirar el piercing para realizar deporte, ya que el riesgo de traumatismos es alto. Por tanto, si no se quita es importante la colocación de un protector bucal.